Año nuevo volando

Para quien tenga la curiosidad de como se vive una entrada de año en un avión ya le adelanto que no se pierde nada. Podría decir que nos recibieron doce azafatas con gorritos de Papá Noe y que cada una de ellas nos dió una uva, pero no, no fue así, no fue una fiesta tipo peli porno de alto presupuesto. Todo se limitó a una conexión con una emisora de radio que trasmitía las campanadas y un aplauso por parte del respetable cuando concluyó la última campanada, después fin de la emisión y de nuevo esa música espantosa que ponen en los aviones para que la gente no se estrese, conclusión, no hubo confeti, ni serpentinas de colores ni largas colas en los pasillos para que las azafatas te concedieran el primer baile del año. Eso sí, recién dadas las doce, mirando por las ventanas del avión el cielo estaba lleno de fuegos artificiales de todos y cada uno de los pueblos que se veían iluminados desde el aire, todo un espectáculo hasta que llegamos a Lisboa, después horas y horas con el zumbido de los motores del avión, la oscuridad y el único meneo de las áreas de turbulencias.

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